Por Rafael Bravo.

Sin exportar donde vivieras, cuando sucedió el ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, la gran mayoría recordará en qué lugar se encontraba y con quién estaba.

Sin embargo, te puedo asegurar que no recuerdas qué es lo que cenaste hace apenas una semana.

¿Por qué?

Por el marcador somático.

  • ¿Qué es eso? ¿Con qué se come? 🙂

Un marcador somático es un proceso psicológico que controla tu toma de decisiones.

Es un marcador (evento) emocional tan poderoso que nunca lo olvidarás. Es una especie de impronta. El término marcador somático fue acuñado por el neurólogo portugués Antonio Damasio.

Este marcador es un acceso directo a la supervivencia. Pasa por alto las consideraciones lógicas cuando, por ejemplo, te topas con un tigre en la selva. En ese momento, un análisis cuidadoso acerca de si acariciar o no al tigre cuando lo tienes frente a ti no es la mejor estrategia de supervivencia. El marcador somático te dice:

¡Corre lo más rápido que puedas! ¡Huye!

Esto explicaría por qué el 11 de septiembre tuvo un impacto tan profundo en cómo vivimos actualmente. Por ejemplo, cuando viajamos, en los aeropuertos simplemente aceptamos quejarnos en voz baja en los accesos, al tener que quitarnos los zapatos, los cinturones, empacar nuestros champús en pequeñas bolsas de plástico y estar atentos a personas y bolsas sospechosas. Después del 11 de septiembre, la vigilancia aumentó y los debates sobre inmigración aumentaron exponencialmente.

Pero lo más impactante y aterrador es que ha llegado el equivalente a otro 11 de septiembre. Es un marcador somático llamado coronavirus.

De acuerdo a muchos analistas, es alarmante que las consecuencias a largo plazo del coronavirus van a ser tan profundas, o incluso mayores que el 11 de septiembre. Sin duda serán diferentes pero igualmente enormes.

Diversos trabajos en neurociencia que han usado equipos de resonancia magnética (FMRI) para escanear varios miles de cerebros, sorprendentemente apuntan a una región en particular, la amígdala, que cada vez más parece gobernar el cerebro humano. La amígdala, también llamada el centro del miedo, parece entrar en juego en asociación con marcadores somáticos negativos.

A diferencia de lo que sucedía hace aproximadamente una década, en los años más recientes esta región se dispara cada vez con más frecuencia. Los sujetos de prueba de estas investigaciones muestran cada vez más activación en la amígdala cuando están en línea, especialmente cuando escuchan hablar a los políticos (¿por qué será?).

La (in)seguridad, el crimen, las noticias falsas (fake news), el robo de identidad, el acoso sexual, la violencia intrafamiliar, entre muchas otras, activan la amígdala.

La parte aterradora es que todo esto es acumulativo. Cuanto más estamos expuestos al miedo, más miedo tenemos (es la ley de la Atracción en acción). Esto es cierto incluso cuando no hay relación entre los diversos temas que generan miedo.

La teoría de que el miedo, si es lo suficientemente profundo, se convierte en un marcador somático apunta a una conclusión: al igual que el 11 de septiembre, el coronavirus está causando un cambio de comportamiento importante en nuestra sociedad.

¿Las víctimas? Lugares de reunión y convivencia que parecían elementos permanentes y confiables ahora ya no lo son: Centros comerciales, conciertos, locales comerciales, eventos deportivos, buffets de restaurantes, etc. Y ahora es probable que se cambien y se reemplacen… para siempre.

El marcador somático negativo que la población mundial ha instalado en nuestros cerebros en las últimas semanas es probable que tenga un impacto poderoso y duradero sobre cómo nos comportamos. Muy probablemente compraremos de manera diferente, en el súper tocaremos un carrito de compras de manera diferente, los botones de los elevadores los tocaremos de forma diferente, en fin, creo que tienes la idea.

Los anteriores son cambios de relativamente poca importancia. Piensa en las estaciones de tren, aeropuertos, manifestaciones políticas. Estaríamos hablando de un cambio de paradigma, de un cambio en las reglas del juego. En muchos casos, afectará y hasta reemplazará industrias e instituciones enteras. Todo apunta a que nos moveremos cada vez más rápido de los átomos a los bytes.

Debido al coronavirus, los modelos convencionales de ladrillo (átomos) como podrían ser centros comerciales, tiendas, lugares de entretenimiento (cines) y hasta entrenamiento y capacitación tradicional (presencial), escalarán cada vez con mayor rapidez hacia el ámbito digital (bytes).

Muchas industrias tradicionales colapsarán, ya que el espacio que alguna vez conquistaron se estará redefiniendo por completo en los próximos meses (tal como le sucedió a Kodak anteriormente o a la centenaria agencia de viajes Thomas Cook apenas el año pasado). Por poner un ejemplo, la industria del cine (Hollywood) ya está cambiando su modelo hacia lo digital adelantando estrenos que originalmente serían en salas de cine llevándolos al streaming digital. Empresas como Netflix, Apple TV+, Amazon Prime Video y similares crecerán aun más. Y puedes estar seguro que con el tiempo surgirán otras más de las que ni siquiera tenemos idea en este momento, que igualarán y hasta superarán a las anteriores. Así ha sido siempre.

Lo que es un hecho, es que la amígdala es como una enfermedad crónica. Una vez que estés infectado por ella, no solo permanecerá contigo para siempre, sino que posiblemente crecerá.

Además, a diferencia de otras áreas del cerebro que son capaces de realizar muchas tareas diferentes, sabemos que la amígdala se enfoca únicamente en una cosa: paralizarnos, es decir, anular cualquier cosa y todo lo que hacemos o incluso pensemos hacer. Actúa como un freno de emergencia, sin preguntas. Es irracional.

Y también sabemos con certeza que con el paso de los días, las semanas y los meses, el coronavirus irá desvaneciéndose. Así ha sido siempre con cualquier evento de esta naturaleza, y así siempre será.

Sin embargo, muy probablemente el impacto emocional que ha generado el virus se mantendrá, instalándose en la profundidad de nuestra mente inconsciente, creando una vía directa, más corta hacia nuestro centro de control del miedo, la amígdala. Y estará lista para asumir el control la siguiente ocasión que vuelva a ocurrir otro evento terrible, del tipo que sea. Eso lo puedes dar por hecho.

También puedes dar por hecho que el coronavirus no será el último evento que nos aterrorizará. La siguiente vez nuestra tolerancia al miedo será menor, creando un efecto dominó aun mayor en todo el planeta. Y nuestras vidas seguirán transformándose sin parar.

Y tal vez te preguntes ¿y qué podemos hacer al respecto? ¿Podemos hacer algo para controlar ese miedo irracional?

Bueno, de eso hablaré en otro momento…